
Tenía pensado escribir una entrada con una lista de razones para apoyar #nolesvotes pero después de darle muchas vueltas he llegado a la conclusión de que no es necesario escribir una larga y tediosa lista de razones, existe un único motivo, del cual derivan todos los demás, por el cual todos deberíamos apoyar #nolesvotes: PORQUE NO SE LO MERECEN.
Fotografía | Antonio Marín Segovia
Hace ya unos meses que decidí deshacerme de toda mi biblioteca musical, gigas y gigas de música obtenidos mediante descargas “ilegales” durante muchos años, y pasar a pagar por los contenidos que consumo, como ya llevo haciendo desde hace algún tiempo con las aplicaciones tanto de ordenador como de móvil y no porque lo diga nuestra archiconocida Ministra de Cultura sino porque me parece justo pagar por aquello que cuesta un esfuerzo hacer.
Una vez tomada la decisión surgió un dilema, comprar o alquilar, o lo que es lo mismo, iTunes o Spotify. La decisión no es fácil ya que cada uno tiene sus ventajas y sus inconvenientes, iTunes lo conozco muy bien (son muchos años ya de uso) pero Spotify en su modelo Premium era desconocido para mi, así que antes de tomar una decisión me propuse probarlo y, después de tan sólo 15 días de uso, la decisión está clara, Spotify no me convence, es un gran servicio para determinados usos, pero le veo algunas imitaciones que lo descartan como opción:
- El catálogo. Aún siendo inmenso tiene algunas lagunas importantes, sobre todo en grupos que suelo escuchar, lo cual hace que además de pagar la suscripción premium tenga que adquirir a parte los discos que no encuentro en su biblioteca.
- El precio. Por mucho que se empeñe la gente en decir que por 5€ tienes toda la música que quieras a tu alcance eso es sólo una verdad a medias. En mi caso la suscripción de 5€ no tiene ninguna utilidad ya que no me paso todo el día en casa delante del ordenador, me gusta poder escuchar música cuando salgo de casa por lo que ya estaríamos hablando de 10€, que no digo que sea caro, pero sumado a los puntos 1 y 4 junto con otras limitaciones le resta atractivo.
- La disponibilidad. Que sea un servicio de alquiler tiene la ventaja de que accedes en cualquier momento a una inmensa variedad de música pero también tiene una desventaja importante (y lógica), si por cualquier motivo algunos meses no puedes pagar no puedes escuchar música, mientras que adquiriendo los discos al menos puedes seguir escuchando lo que hayas comprado hasta ese momento. Otro problema derivado es que unicamente puedes escuchar la música desde el ordenador o los dispositivos móviles compatibles, nada de música en el coche, ni en otros reproductores MP3 que no sean compatibles.
- Multiusuario. El servicio premium tiene además algunas limitaciones, que puedo llegar a comprender hasta cierto punto pero que no dejan de ser una molestia para el usuario, como por ejemplo que no existan cuentas familiares con precios reducidos o la posibilidad de utilizar una cuenta premium en, al menos, dos dispositivos a la vez. Mientras las dos personas estén juntas, por ejemplo en casa, no hay ningún problema pero en cuanto no estén utilizando el mismo dispositivo sólo una de ellas puede hacer uso de la cuenta premium y no, pagar por otra cuenta premium no me parece una solución adecuada.
- Las aplicaciones. Tanto de escritorio como para dispositivos móviles están a años luz en cuanto a funcionalidad y usabilidad respecto a otras. En el caso de la aplicación de escritorio, sin estar mal del todo, no tiene ni de cerca la potencia y la versatilidad que tiene por ejemplo iTunes a la hora de manejar listas de reproducción, información de las canciones, letras e infinidad de opciones más que llevo años usando y sería difícil abandonar. En cuanto a la aplicación para móviles, en este caso la del iPhone que es la que he podido probar, simplemente da pena, acostumbrado a manejar la aplicación nativa del iPhone para gestionar la música Spotify no da la talla, ni en usabilidad, ni en funcionalidad, ni en diseño ni en nada, después de 15 días usándola no puedo estar más decepcionado en este aspecto.
En fin, que la decisión está tomada, el último punto ha sido el que ha inclinado la balanza definitivamente y me ha hecho optar por la primera opción así que en vez de pagar la suscripción premium mensual a Spotify dedicaré esos 10€ a la compra de un CD al mes en iTunes para ir poco a poco formando mi propia biblioteca.
Nota: en ningún momento digo que Spotify sea un mal servicio, que no merezca la pena pagar por él o del que todo sean desventajas, simplemente he expuesto los motivos por los que a mi personalmente no me parece una opción a considerar.
Fotografía | Jon Åslund
Está claro que Spotify es una empresa y como tal puede y debe tomar las decisiones que crea convenientes para hacer que el negocio sea rentable, eso no se lo discute nadie. Sin embargo creo que las limitaciones que han anunciado hoy en las cuentas free y open para conseguir captar usuarios en el servicio premium no es la mas acertada.
La limitación del número de horas al mes que los usuarios pueden utilizar el servicio me parece bastante correcta, si usas Spotify mas de 10 horas al mes estás haciendo un uso del servicio que bien merece pagar los 5 € que cuesta una suscripción unlimited o 10 € de la suscripción premium si quieres llevarte la música en el móvil. El error creo que está en la segunda de las medidas y la que más daño les puede hacer: la limitación del número de veces que puedes reproducir una misma canción del catálgo, sólo 5 veces en total (no se especifica que ese número de reproducciones sea mensual). Me parace demasiado forzada y puede hacer que spotify deje de ser útil para muchas personas que no llegan a hacer un uso intensivo del servicio como para merecer la pena convertirse en premium pero que si lo utilizaban para reproducir canciones ocasionalmente. Puede ser que en lugar de captar mas usuarios de pago lo que consigan sea que los usuarios hagan una “espantada” hacia otros servicios que ofrezcan mejores características.
Entiendo el objetivo, la viabilidad del servicio a medio/largo plazo pasa por conseguir una mayor cuota de usuarios de pago, pero creo que han fallado en las formas, lanzaron en su día un servicio con muy buenas características para atraer al usuario y con el tiempo van limitando opciones. No creo que sea una buena estrategia de cara al usuario, te hacer perder imagen y credibilidad, y al final el éxito o fracaso de un servicio depende de la satisfacción de sus usuarios.
Mientras tanto yo sigo deshojando la margarita: “to premium or not to premium… that’s the question”.
Foto | jakepjohnson

Detalle de la estructura de generación de energía en España. Arriba: 9 de Abril de 2011. Abajo: 10 de Abril de 2011
Las dos figuras anteriores están sacadas de la página de Red Eléctrica Española que ofrece datos de la estructura de generación energética en España en tiempo real. Las gráficas corresponden a los días 9 y 10 de abril, es decir, ayer y antes de ayer, y muestran de una manera muy gráfica uno de los motivos (sin entrar en temas económicos) por el cual las energías renovables no son una alternativa (hoy) a la energía nuclear, aunque si un buen complemento. El motivo salta a la vista simplemente observando las gráficas de generación de dos días cualesquiera como los escogidos, donde se ve como la producción de la energía eólica (es la única energía renovable con suficiente relevancia en la actualidad) es muy variable, dependiente lógicamente de la cantidad de viento existente. La producción en estos días varía desde alrededor de un 12% de media el día 9 a aproximadamente un 25% de media al día siguiente, una fluctuación importante que imposibilita su uso como energía base del sistema y hace necesario el empleo de otras energías como la hidroeléctrica o la procedente de las centrales térmicas de carbón y de ciclo combinado como apoyo para satisfacer la demanda que no puede cubrir los días de menos viento. Pese a todo el pasado mes de marzo la energía eólica ha sido la principal fuente de generación de energía en España por primera vez.
La energía es un factor fundamental para el desarrollo de un país y su producción no puede depender de factores externos como la presencia o ausencia de viento en un determinado momento. La principal característica de la energía es que no se puede almacenar, por lo que no sirve de nada que un mes haga mucho viento o sol si al mes siguiente no hay nada ya que la demanda es continua. Es ahí donde la energía nuclear juega un papel fundamental, aportando de manera continuada y constante durante todo el año aproximadamente un 20% de la energía generada (en otros países como Francia la base de la energía nuclear alcanza hasta el 80%), es decir, garantizando una producción de energía constante en el tiempo y con un coste de operación muy bajo. Existen otras energías que pueden desempeñar este papel de energía base, como por ejemplo la energía térmica procedente de la combustión del carbón, si bien el precio a pagar por su uso es la emisión a la atmósfera de alrededor de un millón de toneladas de CO2 anuales (suponiendo 290 días al año de funcionamiento de una central térmica con una potencia equivalente a la de una central nuclear media), lo cual convierte a la energía nuclear en una energía relativamente limpia, siempre que se tomen las medidas de seguridad adecuadas y se realice una correcta gestión de los residuos generados.
Creo que nadie estaría a favor de la energía nuclear ni de ninguna otra energía no renovable y contaminante si existieran alternativas reales competitivas en rendimiento, costes y garantías pero, lamentablemente, eso a día de hoy no es así. Las energías renovables están avanzando mucho, especialmente interesante es el campo de la energía eólica off-shore, y en un futuro ojalá puedan ser empleadas para cubrir la totalidad de la demanda energética (a pesar del daño que le producen a mis ojos esas aberrantes plantaciones de molinos de viento en lo alto de las montañas) pero hasta que llegue ese día tendremos que emplear los mejores medios de los que dispongamos y, nos guste o no, hoy en día eso pasa por el empleo de la energía nuclear.
Un caso de estudio aparte son las actuaciones de diversas organizaciones ecologistas con Greenpeace a la cabeza que han aprovechado una catástrofe natural de la magnitud de la ocurrida hace unas semanas en Japón para lanzar una campaña de desprestigio de la energía nuclear en un acto de demagogia barata sin precedentes. Queda muy bonito decir que no quieres centrales nucleares porque son peligrosas, ni embalses porque dañan el medioambiente, ni centrales térmicas porque contaminan mucho, protestar porque me suban la factura de la luz pero eso sí, llegar a casa, tocar un interruptor y que se encienda la luz, poder ver la televisión y navegar por internet en mi ordenador con el aire acondicionado encendido porque hace calor… ¿de dónde crees que viene esa energía? ¿generación espontánea? Hay que ser un poco coherente.

Después del bochornoso espéctaculo del pasado martes en el Congreso de los Diputados tenía pensado escribir una entrada hablando sobre la Ley Sinde y todo lo que la rodea pero he llegado a la conclusión de que no merece la pena. No merece la pena porque ya se ha escrito mucho sobre ello (por ejemplo esta entrada de Enrique Dans que suscribo al 100%) y sobre todo porque da igual lo que se escriba, los que lo tienen que entender no lo hacen o lo que es peor, no quieren hacerlo, por muchas veces que se repita, así que lo único que voy a hacer es expresar donde creo que radica el error.
Esta claro que existe un problema pero no se está enfocando correctamente y si no comprendes el problema difícilmente podrás darle solución. La ventaja de las descargas “ilegales” a través de internet, para la mayoría de personas, no es que sean gratis como alegan los “creadores”, sino que son fáciles de obtener, la tecnología deja obsoletas las antiguas formas de distribución de contenidos. Si por ejemplo, queremos ver una película tenemos dos opciones: la tradicional que sería salir de casa y recorrer la distancia que la separa del videoclub (suponiendo, y es mucho suponer salvo que vivas en una ciudad, que tengas un videoclub más o menos a mano y que esté abierto), alquilar la película que quieres ver (si es que no está alquilada ya), pagar, volver a casa, verla y luego ir a devolverla o, como segunda opción puedes encender el ordenador y descarte la película en unos pocos minutos con sólo un click. La mayor ventaja de la segunda opción no es que sea gratis, y ahí radica el error, la principal ventaja es la comodidad de poder obtener la película sin apenas esfuerzo. Que esa descarga no se haga por un canal que reporte beneficio a los “creadores” es su problema que no ofrecen ninguna alternativa, y este ejemplo se puede extrapolar también a otros ámbitos, no sólo al cinematográfico.
Por eso el enfoque creo que es equivocado, lo que hay que hacer no es criminalizar las descargas gratuitas de internet sino ofrecer alternativas de pago que ofrezcan al usuario todas esas comodidades. Y no, Libranda y su fracaso no me vale como ejemplo porque intentar comprar un libro ahí es una pesadilla, y lo digo como experiencia personal, es un claro ejemplo de como NO atraer al usuario poniendo barreras estúpidas porque volvemos a lo mismo, al final al usuario le es más fácil conseguirlo por otros medios menos “legales”.
Unos buenos ejemplos de como hacer las cosas podrían ser Spotify y Netflix que, a cambio de una suscripción mensual (o también mediante publicidad en el caso de Spotify) ofrecen al usuario todo su catálogo de música en el primer caso y de series y películas en el segundo. Netflix es un éxito rotundo en Estados Unidos pero aquí en España no existe nada parecido empieza a aparecer algo del estilo de la mano de iTunes y Spotify va levantando el vuelo poco a poco.
Pero no, aquí seguimos empeñados en que el problema somos los usuarios que somos unos ladrones y unos piratas porque es más fácil eso que buscar soluciones al problema. Es tan absurdo que se llega al punto de que los propios “creadores” insultan a sus consumidores, que son los que les pagan. ¿Te imaginas que en el supermercado de tu barrio cada vez que vas a hacer la compra te insultan? No volverías a comprar ahí ¿verdad?, como consumidor exigirías un mínimo respeto.
Y para que quede claro, por si alguna de esas mentes cerradas lee esto, cosa que dudo, yo defiendo la propiedad intelectual y pienso que el trabajo, sobre todo si está bien hecho hay que recompensarlo porque eso sirve de estímulo para el autor para seguir trabajando bien y por lo tanto actúo en consecuencia a esa filosofía, aunque ellos no dejen de llamarme pirata.
NOTA: El término “creadores” es una forma abreviada y errónea de referirme a ellos ya que en muchos casos crear, lo que se dice crear, no crean mucho mas que cualquiera de nosotros, pero así se entiende a quién me refiero.
Foto | Joriel Jimenez
“Unos documentos secretos del gobierno llegan a manos de alguien que decide publicarlos para que todo el mundo pueda conocer la verdad, una verdad incómoda para mucha gente con poder que hará todo lo posible por silenciarla. Como medida de protección esta persona posee un documento encriptado con mas documentos secretos que saldrán a la luz si le ocurre algo”.
Esto bien podría ser el resumen de la trama de una nueva temporada de la serie 24 pero no es ciencia ficción, es la realidad mundial que estamos viviendo estos días tras la filtración por parte de Wikileaks de miles documentos secretos cables que involucran a numerosos gobiernos y embajadas estadounidenses y la caza de brujas que el gobierno de los Estados Unidos ha emprendido contra su cabeza visible Julian Assange con la intención de silenciarlo y evitar que termine de mostrar todas las vergüenzas que esconde el país, aunque el resultado está siendo completamente opuesto.
La mera existencia de esos documentos ya es un hecho grave porque demuestra la nula transparencia con la que trabajan los gobiernos y los intereses por los que se mueven, pero eso no es nada nuevo a estas alturas, simplemente la confirmación por escrito de lo que hasta ahora era un secreto a voces. Más grave aun es la campaña que el Gobierno de los Estados Unidos, cuyo presidente Barack Obama conviene recordar que fue nombrado Premio Nobel de la Paz el año pasado por sus “esfuerzos por la diplomacia” (alguno de los que le concedió el premio estará revolviéndose en su silla), está llevando a cabo contra Wikileaks y contra Julian Assange utilizando artimañas y tácticas hasta ahora sólo vistas en las series de ciencia ficción: implicación en delitos, medidas de presión para cortar su fuente de ingresos o para tratar de evitar su presencia en internet por parte de empresas que, como Amazon, Mastercard, Visa, PayPal y muchas otras han decidido voluntariamente (que cada cual lo interprete a su manera) cancelar los servicios que hasta ahora prestaban a Wikileaks. Se ha llegado incluso a calificar a Julian Assange como terrorista comparándolo con el mismísimo Bin Laden aunque, al menos hasta donde yo sé, lo único que ha hecho es dar un poco de transparencia a las oscuras gestiones gubernamentales.
Pero el enfoque de los gobiernos es diametralmente opuesto al de los ciudadanos de a pie, en lugar de tratar de hacer bien las cosas mejor las hacemos mal, las ocultamos para que nadie se entere y silenciamos a todo el que quiera hacerlo público, todo un ejemplo para cualquier gobierno democrático.
En cualquier caso ni siquiera todo lo anterior justifica los ataques DDoS que se están llevando a cabo en los últimos días contra diferentes páginas web (Operación Payback) como venganza por la detención entrega voluntaria de Julian Assange y los intentos de silenciar Wikileaks. No se puede luchar contra una irregularidad cometiendo otra irregularidad porque desde ese momento pierdes la ventaja que tenías, la razón.



